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¿Quién Tiene la Razón?

Peleas: vacaciones

Las vacaciones iban a ser para descansar. Luego llegan las peleas. Playa o montaña. Dormir hasta tarde o madrugar para conocerlo todo. Quién maneja, quién va con el GPS, quién olvidó el cargador. Cómo repartir las habitaciones en la casa alquilada entre amigos. El presupuesto que se derrite desde los primeros días. El itinerario que imponen los suegros.

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8 historias

VacacionesDilema de la redacción

El alojamiento estaba lejos de la playa y me quejé toda la semana

Para nuestras vacaciones juntas, mi amiga se encargó de reservar un alojamiento en una plataforma de alquileres, en la costa, en Santa Marta. En las fotos se veía la playa a lo lejos. El anuncio decía “cerca de la playa”. En realidad: veinticinco minutos caminando, con una subida enorme de regreso. Yo estaba decepcionada, y lo dije. Varias veces. Bueno, todos los días. Hacía comentarios mientras caminábamos, suspiraba en la subida. Al quinto día, ella explotó y me dijo que le estaba arruinando las vacaciones. Reconozco que me quejé mucho, pero fue ella la que no revisó la distancia en el mapa.

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VacacionesDilema de la redacción

Una regla inventada en pleno juego de mesa arruinó la noche

Cada noche de nuestras vacaciones en familia, en una finca del Eje Cafetero, jugamos a un juego de mesa grande donde se compran calles y se construyen casas. Yo siempre soy el banco. Una noche, la partida llevaba dos horas y ya era tarde. Para acelerar, anuncié una regla nueva: el dinero de las multas va al centro del tablero, y el que cae en la casilla del estacionamiento se lo lleva. Muchas familias juegan así. Mala suerte: justo después caí yo. Mi cuñado gritó que era un complot, barrió los billetes de un manotazo y se fue a dormir. A los niños les pareció genial, pero el desayuno estuvo helado.

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VacacionesDilema de la redacción

Mi amiga planeó el viaje hora por hora: ¿me bajo del plan?

Con una amiga nos vamos de viaje juntas una semana cada año. Esta vez, a Perú. Tres semanas antes de salir, me mandó una hoja de cálculo: despertador a las 7, museo a las 9, almuerzo reservado a las 12:30, caminata a las 3, atardecer a las 7:42 en punto. Todos los días igual. Yo, en vacaciones, necesito ir sin prisa, perderme por las calles, dormir la siesta. Le dije que seguiría el programa un día sí y un día no, y que los otros días haría lo mío y nos veríamos en la noche. Está ofendida: pasó horas preparándolo todo, y para ella irse juntas para separarse la mitad del tiempo no tiene sentido.

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VacacionesDilema de la redacción

Aparté la silla de la piscina a las 7 y a las 11 me la quitaron

De vacaciones en un hotel con piscina en Puerto Vallarta, nunca alcanzan las sillas reclinables. Así que, como muchos, bajo a las 7 a poner mis toallas en dos sillas bien ubicadas, bajo la sombrilla. Luego subo a desayunar, salgo a dar una vuelta y regreso como a las 11. Esa mañana, mis toallas estaban dobladas sobre una mesa, y una pareja de jubilados estaba instalada en “mis” sillas. Les expliqué con educación que yo las había apartado. El señor me respondió que unas toallas solas desde hacía cuatro horas no eran una reserva. Para mí, las cosas de los demás no se tocan.

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VacacionesDilema de la redacción

Me fui a las 7 para evitar el tráfico sin ayudar a limpiar: ¿es grave?

Una semana de vacaciones entre amigos en una cabaña junto a un lago, cerca de Bariloche. El último día, la salida era a las 10, después de la limpieza final que pedía el dueño. Pero era el regreso del fin de semana largo, y la app anunciaba embotellamientos monstruosos en la carretera desde las 9. La noche anterior avisé que me iría a las 7. Ordené mi cuarto, saqué mi basura y dejé algo de plata sobre la mesa “por las molestias”. Los demás limpiaron la cocina, el baño y los pisos. En el grupo me dijeron que me había salido con la mía. Yo siento que hice mi parte, y que hasta pagué.

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Mi amiga invitó a su nuevo novio a la casa de playa sin avisarnos

Entre ocho amigos alquilamos una casa grande en Cartagena por una semana: ocho camas, contando el sofá cama de la sala donde dormía yo, y ocho partes iguales, todo reservado desde hacía meses. Dos días antes del viaje, una amiga escribe en el grupo: “¡Voy con mi nuevo novio, es buenísimo, lo van a amar!” Nadie había sido consultado. Ya no quedaba cama, así que durmió en un colchón inflable en la sala, a un metro de mi sofá. Pagó su parte de la comida, no del alquiler. Es simpático, de verdad. Pero se levantaba a las seis para salir a correr. Al tercer día le dije a mi amiga que me habría gustado que nos preguntara antes. Me dijo que yo era un “cerrado”.

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En carretera a la playa, ¿el que maneja elige la música?

Cada año, en vacaciones, manejo el carro de nuestro grupo de amigos hasta la costa: siete horas de carretera. Soy el único al que le gusta manejar, y lo hago con gusto. Mi única regla: yo elijo la música. Necesito canciones que conozco para mantenerme concentrado, sobre todo éxitos de los ochenta que canto a todo pulmón. Este año, una amiga conectó su celular sin preguntar, con podcasts y música relajante. Lo desconecté a la media hora. Se quedó con cara larga hasta la primera parada para cargar gasolina. Los demás me dijeron que tres horas de éxitos ochenteros eran mucho para todos.

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La pareja tomó el cuarto grande, yo el sofá cama: ¿mismo precio?

Alquilamos una casa en Villa de Leyva entre cinco amigos, por una semana. Precio total dividido en cinco partes iguales, como siempre. La casa tiene dos cuartos y un sofá cama en la sala. Una pareja de amigos se quedó con el cuarto grande con baño, y dos amigas tomaron el de las camas individuales. Quedaba el sofá cama de la sala para mí, y cada mañana me despertaban la cafetera y los madrugadores. Propuse pagar un poco menos o cambiar de lugar a mitad de semana. La pareja me respondió que era normal que una pareja tuviera un cuarto, y que mi idea de pagar menos era de tacaño.

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Estas peleas se vuelven malentendidos rápido porque las expectativas son altas y casi nunca se dicen. Cada uno se imaginó sus vacaciones ideales, pero nadie comparó de verdad los planes antes de salir. Súmale el calor, el cansancio de la carretera y el hecho de estar juntos de la mañana a la noche: cualquier comentario toma un tamaño inesperado.

Para votar con justicia, busca lo que se había decidido antes del viaje y lo que no. Lee las dos versiones, recordando que una sola persona las cuenta. Separa el fondo, la elección del plan o del presupuesto, de la forma: pasarse todo un día enojado en la playa también cuenta. Y si cada uno simplemente quería unas vacaciones distintas, “Nadie se equivocó” se defiende muy bien.

Preguntas frecuentes

¿Cómo elegir un destino cuando cada uno quiere algo distinto?

Que cada uno anote sus dos o tres prioridades antes de mirar destinos. Muchas veces se pueden combinar: una parte de descanso, una parte de paseos. Y turnarse cada año evita que siempre sea la misma persona la que cede.

¿Cómo dividir los gastos de una casa alquilada entre amigos?

Pónganse de acuerdo antes de reservar, no una vez allá. Una habitación más grande o una llegada más tarde pueden justificar un pago distinto, si todos están de acuerdo. Una hoja de cálculo compartida evita rehacer las cuentas al regresar.

¿Se puede tener un tiempo a solas en un viaje en grupo?

Sí, y muchas veces es lo que salva el viaje. Dilo de forma sencilla, sin que parezca un rechazo al grupo: una mañana a solas, una caminata, una siesta. Avisar con anticipación evita que la ausencia se malinterprete.

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