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¿Quién Tiene la Razón?

Las peleas del momento: vota

Las historias que más votos están recibiendo ahora. Lee las dos versiones y di quién se equivocó.

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Redes socialesDilema de la redacción

Me dejó en visto, pero sigue subiendo historias: ¿me enojo?

Le mandé un mensaje largo a una amiga para proponerle un fin de semana juntas, con dos o tres ideas y unos links. La aplicación me indica que lo leyó ese mismo día. Desde entonces, tres días sin respuesta. Mientras tanto, sube historias: un postre, un paseo, un video de su gato. O sea que tiene tiempo para publicar, pero no para contestarme. Le escribí: “¡Veo que estás muy activa en Instagram!” Me respondió, cortante, que no tenía por qué justificarse y que contestaría cuando pudiera. No entiendo por qué se ofende, si la que está esperando soy yo.

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Redes socialesDilema de la redacción

“Me gustaba más antes” en su foto: me eliminó de sus amigos

Una amiga publicó una foto con su nuevo color de pelo: un pelirrojo muy intenso, después de años de castaño. Se veía feliz. Comenté, creyendo que era graciosa: “¡Qué atrevida! Pero me gustaba más antes”, con un jajaja al final. Entre nosotras siempre nos echamos bromas, es nuestro humor. Una hora después, mi comentario había desaparecido. Al día siguiente vi que me había eliminado de sus amigos. Sin una palabra, sin un mensaje. Me pareció exagerado por una bromita. Le escribí para disculparme si la había lastimado, pero no me contestó.

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Redes socialesDilema de la redacción

Mi mamá comenta todo lo que publico y le pedí que parara

Tengo treinta y cuatro años, y mi mamá comenta todas mis publicaciones. Todas. Una foto de mi café: “Acuérdate de comer algo más que café, mi amor.” Una foto de vacaciones: “¿Te pusiste protector solar?” Una publicación profesional sobre un proyecto del trabajo: “¡Felicidades, mi bebé, qué orgullo!” Mis contactos de trabajo ven todo. Le pedí, con cariño, que me mandara sus mensajes en privado en vez de comentar. Me dijo “está bien”, pero con un tono que quería decir lo contrario. Desde entonces no comenta nada, no pone ni un corazón, y mi papá me contó que está triste.

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Redes socialesDilema de la redacción

Me salí del grupo de WhatsApp de la familia y mi tía está dolida

El grupo de WhatsApp de mi familia tiene veintitrés personas. Cada mañana, mi tía manda una imagen de “Buenos días” con rosas y brillitos. Luego vienen los videos de animales, los chistes, las fotos de platos y los debates sobre a qué hora es el almuerzo del domingo. Ochenta mensajes al día, a veces más. Mi celular vibraba en plena reunión. Un día me salí del grupo, discretamente. Bueno, todo lo discreto que se puede: la aplicación muestra “salió del grupo” para todos. Mi tía me llamó, herida, preguntándome qué me había hecho. Le dije que seguía disponible por mensaje directo. Para ella no es lo mismo.

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Redes socialesDilema de la redacción

Le corrijo la ortografía de sus historias por mensaje: ¿soy pesado?

Tengo un amigo de toda la vida que sube muchísimas historias: sus platos, su gato, sus reflexiones de la noche. Muchas veces con faltas de ortografía. “Haber si les gusta”, “hay les va mi receta”. Me arden los ojos. Así que, cada vez, le mando un mensajito privado, con cariño, con la corrección y un guiño. Nunca en un comentario público, siempre en privado. Pensaba que le hacía un favor, como un corrector voluntario. Pero al final me contestó: “¿Puedes solo ver mis historias sin calificarlas?” Y me ocultó sus historias. Me siento un poco castigado por querer ayudar.

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Redes socialesDilema de la redacción

Publiqué su compromiso en mis historias antes que ella: ¿metí la pata?

En un desayuno de domingo, mi mejor amiga nos mostró su anillo: su novio le acababa de pedir matrimonio. Gritamos, lloramos, fue maravilloso. Le tomé una foto a su mano con el anillo, y una hora después la subí a mis historias con “¡Felicidades a los futuros esposos!” y un montón de corazones. No puse ni su nombre ni su cara. Pero su mamá vio la historia antes de que ella pudiera llamarla, y una de sus tías comentó en el grupo de la familia. Mi amiga me llamó llorando: quería anunciarlo ella misma, a su familia, a su ritmo. Borré la historia, pero creo que me podía haber avisado que era secreto.

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Redes socialesDilema de la redacción

Mi amiga se enojó porque no comparto sus velas en Instagram

Una amiga lanzó su pequeño emprendimiento de velas aromáticas hechas a mano. Estoy feliz por ella. Le encargué cuatro para Navidad y las regalé en el intercambio de la oficina y en la familia. Pero ella también quiere que le dé like, comente y comparta cada una de sus publicaciones, tres o cuatro al día. Yo casi no uso Instagram, y no tengo ganas de convertir mi cuenta en una vitrina. Me mandó un mensaje un poco frío: “Sabes, compartir no cuesta nada, y me ayuda muchísimo. Las demás lo hacen.” Siento que quedo como mala amiga, cuando soy una de sus mejores clientas.

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Redes socialesDilema de la redacción

Publicó una foto mía con la boca llena sin preguntarme

En un picnic con amigos, una amiga tomó una serie de fotos del grupo. En una de ellas salgo de perfil, con los cachetes inflados por un mordisco enorme de empanada y los ojos medio cerrados. Esa misma noche la publicó en Instagram, en primer plano, con el texto “El momento en que vio el postre”. Le dieron like trescientas personas. Entre sus seguidores hay varios compañeros míos del trabajo. Le pedí, amablemente, que la quitara, o al menos que la cambiara por otra. Me contestó que salgo “muy graciosa”, que me tomo todo demasiado en serio, y que no iba a borrar su foto con más likes del año.

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VacacionesDilema de la redacción

El alojamiento estaba lejos de la playa y me quejé toda la semana

Para nuestras vacaciones juntas, mi amiga se encargó de reservar un alojamiento en una plataforma de alquileres, en la costa, en Santa Marta. En las fotos se veía la playa a lo lejos. El anuncio decía “cerca de la playa”. En realidad: veinticinco minutos caminando, con una subida enorme de regreso. Yo estaba decepcionada, y lo dije. Varias veces. Bueno, todos los días. Hacía comentarios mientras caminábamos, suspiraba en la subida. Al quinto día, ella explotó y me dijo que le estaba arruinando las vacaciones. Reconozco que me quejé mucho, pero fue ella la que no revisó la distancia en el mapa.

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VacacionesDilema de la redacción

Una regla inventada en pleno juego de mesa arruinó la noche

Cada noche de nuestras vacaciones en familia, en una finca del Eje Cafetero, jugamos a un juego de mesa grande donde se compran calles y se construyen casas. Yo siempre soy el banco. Una noche, la partida llevaba dos horas y ya era tarde. Para acelerar, anuncié una regla nueva: el dinero de las multas va al centro del tablero, y el que cae en la casilla del estacionamiento se lo lleva. Muchas familias juegan así. Mala suerte: justo después caí yo. Mi cuñado gritó que era un complot, barrió los billetes de un manotazo y se fue a dormir. A los niños les pareció genial, pero el desayuno estuvo helado.

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VacacionesDilema de la redacción

Mi amiga planeó el viaje hora por hora: ¿me bajo del plan?

Con una amiga nos vamos de viaje juntas una semana cada año. Esta vez, a Perú. Tres semanas antes de salir, me mandó una hoja de cálculo: despertador a las 7, museo a las 9, almuerzo reservado a las 12:30, caminata a las 3, atardecer a las 7:42 en punto. Todos los días igual. Yo, en vacaciones, necesito ir sin prisa, perderme por las calles, dormir la siesta. Le dije que seguiría el programa un día sí y un día no, y que los otros días haría lo mío y nos veríamos en la noche. Está ofendida: pasó horas preparándolo todo, y para ella irse juntas para separarse la mitad del tiempo no tiene sentido.

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VacacionesDilema de la redacción

Aparté la silla de la piscina a las 7 y a las 11 me la quitaron

De vacaciones en un hotel con piscina en Puerto Vallarta, nunca alcanzan las sillas reclinables. Así que, como muchos, bajo a las 7 a poner mis toallas en dos sillas bien ubicadas, bajo la sombrilla. Luego subo a desayunar, salgo a dar una vuelta y regreso como a las 11. Esa mañana, mis toallas estaban dobladas sobre una mesa, y una pareja de jubilados estaba instalada en “mis” sillas. Les expliqué con educación que yo las había apartado. El señor me respondió que unas toallas solas desde hacía cuatro horas no eran una reserva. Para mí, las cosas de los demás no se tocan.

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VacacionesDilema de la redacción

Me fui a las 7 para evitar el tráfico sin ayudar a limpiar: ¿es grave?

Una semana de vacaciones entre amigos en una cabaña junto a un lago, cerca de Bariloche. El último día, la salida era a las 10, después de la limpieza final que pedía el dueño. Pero era el regreso del fin de semana largo, y la app anunciaba embotellamientos monstruosos en la carretera desde las 9. La noche anterior avisé que me iría a las 7. Ordené mi cuarto, saqué mi basura y dejé algo de plata sobre la mesa “por las molestias”. Los demás limpiaron la cocina, el baño y los pisos. En el grupo me dijeron que me había salido con la mía. Yo siento que hice mi parte, y que hasta pagué.

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VacacionesDilema de la redacción

Mi amiga invitó a su nuevo novio a la casa de playa sin avisarnos

Entre ocho amigos alquilamos una casa grande en Cartagena por una semana: ocho camas, contando el sofá cama de la sala donde dormía yo, y ocho partes iguales, todo reservado desde hacía meses. Dos días antes del viaje, una amiga escribe en el grupo: “¡Voy con mi nuevo novio, es buenísimo, lo van a amar!” Nadie había sido consultado. Ya no quedaba cama, así que durmió en un colchón inflable en la sala, a un metro de mi sofá. Pagó su parte de la comida, no del alquiler. Es simpático, de verdad. Pero se levantaba a las seis para salir a correr. Al tercer día le dije a mi amiga que me habría gustado que nos preguntara antes. Me dijo que yo era un “cerrado”.

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VacacionesDilema de la redacción

En carretera a la playa, ¿el que maneja elige la música?

Cada año, en vacaciones, manejo el carro de nuestro grupo de amigos hasta la costa: siete horas de carretera. Soy el único al que le gusta manejar, y lo hago con gusto. Mi única regla: yo elijo la música. Necesito canciones que conozco para mantenerme concentrado, sobre todo éxitos de los ochenta que canto a todo pulmón. Este año, una amiga conectó su celular sin preguntar, con podcasts y música relajante. Lo desconecté a la media hora. Se quedó con cara larga hasta la primera parada para cargar gasolina. Los demás me dijeron que tres horas de éxitos ochenteros eran mucho para todos.

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VacacionesDilema de la redacción

La pareja tomó el cuarto grande, yo el sofá cama: ¿mismo precio?

Alquilamos una casa en Villa de Leyva entre cinco amigos, por una semana. Precio total dividido en cinco partes iguales, como siempre. La casa tiene dos cuartos y un sofá cama en la sala. Una pareja de amigos se quedó con el cuarto grande con baño, y dos amigas tomaron el de las camas individuales. Quedaba el sofá cama de la sala para mí, y cada mañana me despertaban la cafetera y los madrugadores. Propuse pagar un poco menos o cambiar de lugar a mitad de semana. La pareja me respondió que era normal que una pareja tuviera un cuarto, y que mi idea de pagar menos era de tacaño.

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HijosDilema de la redacción

¿Regalado o prestado? La mamá de su amigo quiere el videojuego

Mi hijo de nueve años volvió de la casa de un amigo con un juego para su consola. Me dijo, muy orgulloso: “Me lo regaló, ya no lo usa.” No lo verifiqué: era un juego usado, nada del otro mundo. Un mes después, la mamá del amigo me escribe por WhatsApp para pedir que le devolvamos el juego, porque era un préstamo. Mi hijo jura que su amigo le dijo “te lo regalo”. Mientras tanto, jugó muchísimo con él, y la caja está un poco maltratada. Le contesté a la mamá que no quería tratar a mi hijo de mentiroso, y que los niños se habían puesto de acuerdo entre ellos.

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HijosDilema de la redacción

Mis papás cuidan a mis hijos y mi lista de reglas los ofendió

Mis papás cuidan a mis dos hijos todos los miércoles por la tarde, gratis, y les estoy muy agradecida. Pero cada vez los niños regresan en la noche después de tres películas, dos rondas de galletas y una cena de salchichas con papas fritas. Llegan acelerados y en la casa ya no quieren comer verduras. Así que escribí una pequeña lista: máximo una hora de pantalla, un solo dulce, verduras al mediodía y siesta para la más chiquita. La imprimí y la pegué en su refrigerador. Mi mamá se lo tomó muy mal. Me dijo que crió a tres hijos sin ninguna lista y que no era mi niñera. Desde entonces, los miércoles el ambiente está helado.

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HijosDilema de la redacción

Nuestro bebé se llamará como el perro de mi amiga: ¿problema?

Mi esposo y yo ya elegimos el nombre de nuestro bebé. Un nombre dulce, un poco antiguo, que nos encanta desde hace años, mucho antes de conocer al perro en cuestión. Porque sí: mi mejor amiga tiene un golden retriever que se llama exactamente así. Cuando lo anunciamos en una comida con amigos, se echó a reír, y luego vio que íbamos en serio. Nos dijo que le parecía raro, que la gente los iba a confundir en el parque y que su perro ya no sabría cuándo lo está llamando a él. No está enojada, pero saca el tema cada vez que nos vemos. Yo creo que un nombre no es de nadie, y menos de un perro.

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HijosDilema de la redacción

La tablet de mi hija en el restaurante: ¿exageró la mesa de al lado?

Estábamos en un restaurante de Guadalajara con nuestra hija de cuatro años. La comida tardaba muchísimo, y ella empezó a subirse a la silla y a reclamar. Para tener un poco de paz, le di la tablet con sus dibujos animados favoritos. Calma inmediata. Solo que no había pensado en los audífonos, y el volumen estaba bastante alto. A los veinte minutos, la pareja de la mesa de al lado se giró hacia nosotros: “¿Podrían bajar el volumen, por favor? Llevamos escuchando la misma canción desde que llegamos.” Les contesté que era eso o los gritos, y que suponía que preferían la canción. Pidieron que los cambiaran de mesa.

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HijosDilema de la redacción

Le hice a mi hijo la maqueta del volcán para la escuela: ¿es grave?

Mi hijo de diez años tenía que entregar una maqueta de un volcán para la escuela. Empezó el domingo en la noche, un día antes, obviamente. A las nueve lloraba frente a un montón de plastilina sin forma. Lo mandé a dormir y terminé la maqueta yo: el cráter, la lava pintada, un letrerito explicativo y hasta una mezcla de vinagre y bicarbonato para la erupción. Sacó la calificación más alta, y la maestra la enseñó a los otros grupos. Mi pareja dice que hice trampa por él y que eso no le enseña nada. Yo creo que salvé una noche y a un niño agotado.

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HijosDilema de la redacción

Multo a mi hijo adolescente por cada cosa que olvida: ¿exagero?

Mi hijo de trece años recibe una mesada cada mes. Se le olvida todo: la botella de agua en la escuela, las llaves, la chaqueta en casa de un amigo, la luz del baño. Para hacerlo responsable, inventé un sistema de multas: una moneda por cada olvido, anotadas en un pizarrón en la cocina. Este mes terminó casi sin mesada. Protestó, diciendo que era “pura extorsión”. Le contesté que en la vida real los olvidos también cuestan dinero. Mi pareja dice que exagero y que el pizarrón en la cocina, a la vista de las visitas, es humillante. Yo creo que funciona: se acordó de su botella tres días seguidos.

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HijosDilema de la redacción

Llevo cada semana al judo al hijo de otra mamá: ya me cansé

Mi hija va a judo los miércoles con el hijo de otra mamá de la escuela. A principio de año, ella me preguntó si podía llevarlo “de vez en cuando”, ya que yo voy de todas formas. Le dije que sí. Desde hace tres meses, es todos los miércoles, ida y vuelta, sin excepción. El niño es un amor, ese no es el problema. Pero a veces tengo que pedir permiso de una hora en el trabajo, y doy una vuelta de veinte minutos para dejarlo en su casa. Le propuse turnarnos una semana cada una. Me respondió que de verdad no tiene tiempo y que a mí no me cambia gran cosa, ya que voy de todos modos.

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HijosDilema de la redacción

Le di un celular de tapa a mi hijo de 11 años: ¿soy muy estricta?

Mi hijo entra a la secundaria. Lleva meses pidiendo un smartphone, porque “todos tienen uno”. Entiendo que necesite llamarme a la salida de la escuela, sobre todo porque toma el bus solo. Así que le compré un celular de tapa: llamadas, mensajes, una batería que dura una semana y el clásico juego de la serpiente, que terminó encantándole. El smartphone será a los trece, ya lo hablaremos. Lloró dos noches, diciendo que iba a ser “el único con un celular de abuelito”. Su papá dice que lo estoy dejando fuera del grupo de WhatsApp de su clase, donde se organiza todo.

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BodasDilema de la redacción

Vestido de dama de honor carísimo: ¿le pido a la novia la mitad?

Una amiga me pidió ser su dama de honor. Acepté feliz. Unas semanas después, mandó al grupo de las cuatro damas el link del vestido elegido: verde salvia, largo, carísimo, más los ajustes de la costurera. Quiere que todas combinemos en las fotos. Nunca me voy a poner ese vestido en otro lado: es demasiado elegante para mi vida. Le propuse, en privado, que pagara la mitad, ya que ella lo impone. Se sintió herida y me dijo que las demás no hicieron drama. No sé si las demás no se atreven o si de verdad soy la única a la que le parece caro.

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BodasDilema de la redacción

Boda “sin niños”, salvo los de la prima: nos fuimos temprano

Nos invitaron a la boda de una amiga, con la frase “sin niños” en la invitación. Tenemos dos pequeños. Conseguimos una niñera para toda la noche, lo que nos salió caro y nos costó mucha organización. Al llegar, sorpresa: la prima de la novia estaba ahí con sus tres hijos, que corrían entre las mesas. Me molestó muchísimo. Durante la cena le hice un comentario a la novia: le dije que, de haberlo sabido, habríamos traído a los nuestros. Luego nos fuimos antes de que partieran el pastel, un poco ofendidos. Al día siguiente me escribió que le habíamos arruinado un pedazo de su fiesta.

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BodasDilema de la redacción

Mi discurso en su boda ofendió al novio: ¡y era muy gracioso!

Mi mejor amigo me eligió para dar el discurso en su boda. Solo me dijo: “Hazme reír, pero no tan largo.” Escribí cinco minutos de recuerdos, entre ellos la historia de su examen de manejo, que no pasó cuatro veces, una de ellas porque se le apagó el carro en plena glorieta y luego tocó el claxon para pedirle perdón al examinador. Todo el salón se rio, incluida la novia. El novio, en cambio, puso una sonrisa forzada. Más tarde, en plena fiesta, me reclamó delante de varios invitados que hubiera contado eso frente a su nuevo suegro, que es instructor de manejo. Yo no lo sabía. Se fue a bailar sin terminar la conversación.

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BodasDilema de la redacción

Su boda cae en medio de mi viaje pagado: ¿tengo que cancelarlo?

Desde hace un año, mi pareja y yo planeamos nuestro gran viaje: tres semanas en Canadá, vuelos y hospedaje reservados, vacaciones pedidas en el trabajo, casi nada reembolsable. Unos meses antes de salir, un amigo cercano anuncia su boda... justo a la mitad de nuestras vacaciones. Le expliqué la situación en cuanto recibí la invitación, pidiéndole disculpas, y le propuse celebrar con ellos antes del viaje, con una cena. Me dijo que lo entendía. Pero me enteré por otro amigo de que estaba muy decepcionado, que contaba conmigo para un discurso y que piensa que un viaje “se puede mover”. Ya no sé qué hacer.

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BodasDilema de la redacción

Me cambié de mesa en la boda sin pedir permiso: ¿fue tan grave?

En la boda de una amiga, vi la distribución de las mesas al llegar al banquete. Me habían puesto en la “mesa de los solteros”, con seis personas que no conocía, hasta el fondo, junto al DJ. Mis amigos de la universidad estaban en la mesa de al lado, y había una silla vacía. Con discreción, moví la tarjetita con mi nombre a su mesa. Pasé una noche increíble. Al día siguiente, la novia me escribió que había tardado semanas en organizar las mesas, que mi mesa original quedó con un hueco en medio y que uno de los solteros terminó solo en una punta. De verdad no pensé que se fuera a notar.

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BodasDilema de la redacción

Volé mi dron sobre la ceremonia de boda: ¿regalo o metida de pata?

Mi primo se casaba en una hacienda preciosa, con la ceremonia en el jardín. Yo acababa de comprarme un dron y llevaba meses practicando. Pensé que unas tomas desde el cielo serían un regalo increíble. No se lo dije a nadie, para que fuera sorpresa. Durante el intercambio de votos, hice despegar el aparato sobre los invitados. Las imágenes quedaron espectaculares, de verdad. Pero al parecer el zumbido se oía durante los votos, la fotógrafa tuvo que repetir varias fotos y algunos invitados levantaron la cabeza en el peor momento. Mi primo me dijo después que le hubiera gustado que le avisara. Yo pensaba regalarles el video editado.

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