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¿Quién Tiene la Razón?

Peleas: suegros

Con los suegros, motivos de roce sobran. La visita sin avisar el domingo temprano. El consejo que nadie pidió sobre la comida o la crianza de los hijos. Cómo repartir las fiestas entre las dos familias. El regalo que ofende sin querer. Y, en medio de todo, tu pareja, que lo único que quiere es que todos se lleven bien.

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Mi cuñado quiere que le cuidemos el perro tres semanas: ¿acepto?

Mi cuñado se va tres semanas al extranjero por trabajo. Nos pidió que le cuidáramos a su perro. Un perro grandote, muy cariñoso, muy inquieto, que necesita dos paseos largos al día. Mi esposo dijo que sí de inmediato, sin consultarme. Yo tengo mis dudas. Vivimos en un departamento chiquito en un tercer piso, trabajo desde casa y sé muy bien quién se va a encargar del paseo del mediodía. La última vez que lo cuidamos un fin de semana, se comió un cojín. Mi esposo dice que es familia y que no se le puede decir que no. Siento que me pusieron frente a un hecho consumado.

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¿Salir a las 5 o a las 10? Mi suegro y yo terminamos en dos carros

Cada año, en vacaciones, vamos a ver a la familia de mi esposo a la costa, a ocho horas de carretera. Hacemos el viaje con mi suegro, que vive cerca de nosotros. Él quiere salir a las 5 de la mañana, “para no agarrar tráfico”. Yo quiero salir a las 10, después de un buen desayuno, porque a las 5 no soy capaz de decir dos palabras seguidas. Este año, ninguno cedió. Resultado: dos carros. Él salió a las 5 y nosotros a las 10. Él llegó a la 1 y nos mandó una foto en traje de baño junto a la piscina. Nosotros llegamos a las 9 de la noche, después de seis horas de tráfico.

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Mi suegra quiere que le diga “mamá”: ¿debo aceptar o no?

Estoy con mi novio desde hace seis años y me llevo muy bien con su mamá. Es cariñosa, nunca se olvida de mi cumpleaños y me dice “mi niña”. Un domingo, en el postre, delante de todos, me pidió que le dijera “mamá”. Lo dijo con mucha ternura. Yo balbuceé algo. El problema es que ya tengo una mamá, con la que soy muy unida, y esa palabra, para mí, es solo para ella. Así que sigo llamando a mi suegra por su nombre. Se nota que le dolió un poco. No quiero ofenderla, pero tampoco quiero forzarme.

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Tomo una siesta en casa de mis suegros los domingos: ¿es grosero?

Una vez al mes, vamos a comer a casa de mis suegros el domingo. La comida empieza a las dos y termina como a las cinco. Después, todos se quedan en la mesa jugando dominó hasta la noche. Yo no juego dominó, y después de una comida así, me muero de sueño. Entonces me acomodo en el sofá de la sala y tomo una siesta de una o dos horas. No molesto a nadie, no hago ruido y me despierto para el cafecito. Mi esposo me dijo que a sus papás les parece una grosería. No lo entiendo: prefiero dormir tranquila que fingir interés en las fichas.

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Preferí el pastel del súper al de mi suegra: ¿fui demasiado sincera?

Cada Navidad, mi suegra hace su pastel de tres leches casero. Es su orgullo. Este año, en la cena del 24, sirvió dos: el suyo y uno comprado en el súper, “para comparar”. Le pidió a cada uno su opinión sincera. Todos dijeron que el suyo era mejor. Yo quise ser honesta. Dije que prefería el del súper, porque era menos empalagoso. Silencio total. Mi esposo me echó una mirada asesina. Mi suegra sonrió, pero me sirvió porciones diminutas de postre hasta el fin de las fiestas. Ella pidió una opinión sincera, ¿o no?

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Mi cuñado cree que soy el soporte técnico de la familia: ¿me niego?

Trabajo en sistemas. Para la familia de mi esposa, eso significa que sé arreglar todo: impresoras, el módem, la tele, celulares que “hacen un ruido raro”. Mi cuñado es el campeón. En cada comida familiar llega con su laptop bajo el brazo, y yo me paso la tarde instalando actualizaciones mientras los demás juegan a las cartas. En el último cumpleaños de mi suegro, dije que no. Amable, pero no. Le pasé el número de un técnico del barrio. Puso cara larga toda la comida, y mi suegra dijo que yo “no soy muy de familia”.

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Mi suegro sembró tomates en nuestro jardín sin pedir permiso

Mi esposo y yo por fin tenemos una casa con un jardincito. Pasto, dos arbustos y una mesa. Nos encanta así de sencillo. Durante nuestras vacaciones, mi suegro vino a “echarle un ojo a la casa”. Cuando volvimos, una cuarta parte del pasto había desaparecido. En su lugar: una huerta. Tomates, lechugas, cilantro, y un espantapájaros vestido con una camisa vieja de mi esposo. Él estaba orgullosísimo. Yo me quedé en shock. No tengo ganas de cuidar una huerta, y me gustaba mi pasto. Se lo dije, con educación. Me contestó que en tres meses íbamos a ver quién se reía al final.

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Mi suegra llega sin avisar con la llave de emergencia: ¿es demasiado?

Cuando nos mudamos, le dimos una llave a mi suegra, “para emergencias”. Vive a diez minutos. Desde entonces, la emergencia ocurre más o menos una vez por semana. Pasa mientras trabajamos para “regar las plantas”. Nuestras plantas son de plástico. Ella lo sabe. A veces deja un guiso en el refrigerador, lo cual es un detalle, y a veces dobla nuestra ropa, lo cual es más raro. El portero ya la saluda por su nombre. Un día llegué más temprano y me la encontré viendo la telenovela, en nuestro sillón, con un cafecito. Le pedí a mi esposo que recuperara la llave. Él dice que exagero.

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Estas peleas se vuelven malentendidos rápido porque se encuentran dos culturas familiares. En una familia, llegar sin avisar es una muestra de cariño. En la otra, es una invasión. Nadie tiene necesariamente malas intenciones, pero cada uno aplica sus propias reglas, sin haberlas dicho nunca en voz alta.

Para votar con justicia, pregúntate primero quién está realmente en desacuerdo. ¿Tú y tu suegra? ¿O tú y tu pareja, que no dijo nada? Lee las dos versiones, recordando que las escribió la misma persona. Después, separa el fondo de la forma. Una suegra puede tener razón en el fondo y ser torpe al decirlo. Lo contrario también pasa, claro. Y si dos costumbres chocan sin mala intención, “Nadie se equivocó” sigue siendo una opción.

Preguntas frecuentes

¿Cómo ponerle un límite a la suegra sin ofenderla?

Habla de lo que ustedes necesitan, no de lo que ella hace mal: “nos gustaría que nos avisara antes de venir” cae mejor que “usted siempre llega sin avisar”. Lo ideal es que tu pareja hable con su propia familia. Un límite se pone una vez, con calma, y luego se recuerda sin perder la paciencia.

Mi pareja nunca me defiende: ¿quién se equivoca?

Muchas veces, quien está en medio tiene miedo de lastimar a uno de los dos lados y prefiere quedarse callado. Ese silencio se vive como un abandono. Lo mejor es decidir entre los dos qué aceptan y luego decirlo con una sola voz.

¿Cómo repartir las fiestas de fin de año entre las dos familias?

No existe una regla justa para todos. Algunas parejas se turnan cada año, otras parten la fecha en dos, la cena del 24 con una familia y la comida del 25 con la otra, y otras crean su propia celebración. Lo importante es decidirlo entre los dos, con tiempo, y anunciarlo juntos.

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