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¿Quién Tiene la Razón?

Peleas: roomies

Cuando compartes departamento, compartes el mismo refrigerador, el mismo baño y, muchas veces, las mismas peleas. Los platos que se acumulan. El yogur que desapareció. La música a todo volumen a medianoche. El novio de un roomie que prácticamente vive ahí sin poner para los gastos. El aire acondicionado prendido toda la noche por uno y apagado por el otro, por lo que cuesta la luz.

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8 historias

RoomiesDilema de la redacción

Mi roomie exige el cuarto grande por antigüedad: ¿es justo?

En el depa que compartimos en Bogotá hay un cuarto grande con balcón y dos más chicos. La persona que tenía el grande se fue. Yo llegué hace un año; mi roomie, hace tres. Ella considera que el cuarto le corresponde por antigüedad. Yo propuse sortearlo, o que quien se quede con él pague un poco más de arriendo. Ella siente que es una forma de quitarle lo que se ganó. No entiendo por qué dos años más darían derecho automático al balcón. Ya vamos en que nos contestamos con notitas pegadas en la nevera.

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RoomiesDilema de la redacción

Huelga de platos sucios con mis roomies: ¿quién debe ceder primero?

Somos cuatro roomies en un depa de Guadalajara. Un día me di cuenta de que yo lavaba los platos de todos. Así que dejé de hacerlo. Para que entendieran. El problema es que los otros tres tuvieron exactamente la misma idea, al mismo tiempo. Resultado: el fregadero se desborda, la pila llega hasta la llave del agua y cada quien lava solo su propio tenedor, que luego esconde en su cuarto. Una noche vi a uno de ellos comiendo espagueti en la tapa de una olla. Nadie quiere ceder, porque ceder es perder. Yo sigo firme. Hasta compré platos desechables.

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RoomiesDilema de la redacción

Mi roomie convirtió la sala en su oficina: ¿quién tiene la razón?

Mi roomie trabaja desde casa cuatro días a la semana. Su cuarto es diminuto, así que se instala en la sala, de 9 a 6. Pantalla grande, teclado, audífonos y videollamadas todo el día. Yo trabajo por turnos y muchas veces estoy en casa por la tarde. Ya no puedo ver la tele, ni cocinar sin cuidar el ruido de las ollas, ni siquiera cruzar la sala en pijama, porque sus compañeros me ven al fondo de la cámara. Me siento como un invitado en mi propia casa. Le pedí que trabajara en su cuarto. Me contestó que ahí no cabe un escritorio.

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RoomiesDilema de la redacción

Limpié el refrigerador y tiré el marinado de mi roomie: ¿quién falló?

En nuestro departamento, nadie limpia el refrigerador. Así que lo hago yo, cada domingo por la noche. Mi regla es sencilla: todo lo que esté sin tapa ni etiqueta va a la basura. Ese domingo, encontré un recipiente lleno de pollo en una salsa misteriosa, sin nada encima. Lo tiré. Era el marinado de mi roomie, que llevaba dos días preparando la receta de su abuela para una comida con amigos. Quedó desolado. Dice que debí preguntar. Yo pienso que un recipiente sin tapa ni etiqueta es un recipiente abandonado.

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RoomiesDilema de la redacción

Adopté un gatito sin preguntarles a mis roomies: ¿metí la pata?

Una compañera del trabajo buscaba casa para una camada de gatitos. Vi uno en una foto, chiquito, anaranjado, con una oreja doblada. Amor a primera vista. Lo llevé al departamento esa misma noche. Pensé que mis dos roomies se iban a derretir. Uno se derritió. La otra, mucho menos: no es muy de gatos, y le da miedo que dañe el sofá, que es suyo. Desde entonces, el gatito se afiló las uñas en el brazo del sofá y se durmió en su cesto de ropa sucia. Me pide que busque una solución. Yo creo que exagera: pesa ochocientos gramos.

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Hago burpees a las 6 de la mañana en la sala del depa: ¿exagero?

Por fin encontré una rutina de ejercicio que me funciona: veinte minutos de entrenamiento a las 6 de la mañana, antes del trabajo. Saltos, burpees, flexiones, con un video de un coach en mi celular. En mi cuarto no hay espacio, así que me pongo en la sala. Uso audífonos para no molestar a nadie. Pero mis dos roomies se quejan: dicen que el piso tiembla, que se oye cada salto hasta sus cuartos y que resoplo “como locomotora”. Me parece injusto: la sala es de todos, y a las 6 nadie la usa. Hago ejercicio, no fiesta.

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RoomiesDilema de la redacción

El novio de mi roomie vive con nosotros sin pagar nada: ¿tengo razón?

Somos tres en el departamento. Bueno, éramos tres. Desde hace unos meses, el novio de una de mis roomies duerme aquí cinco noches de siete. Se da duchas de veinticinco minutos por la mañana, justo cuando yo me tengo que arreglar. Cena con nosotros, usa la lavadora y hasta instaló su consola en la sala. Es buena gente, de verdad. Pero no pone nada: ni para la renta, ni para los servicios, ni para el papel de baño. Propuse que aportara algo para los gastos, o que viniera un poco menos. Mi roomie se lo tomó mal. Dice que quiero controlar su vida amorosa.

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RoomiesDilema de la redacción

Mi roomie prueba “solo un poquito” de todo lo que compro: ¿ya basta?

Mi roomie no me roba la comida. La prueba. Una cucharada de cada yogur. Un cuadrito de cada barra de chocolate. Tres papitas de la bolsa, una rebanada de jamón de cada paquete. Nunca lo suficiente para que sea descarado, siempre lo suficiente para que yo lo note. Él cree que no se nota. Se nota. Empecé a ponerles etiquetas con mi nombre a mis cosas. Le pareció “un poco agresivo para un depa compartido”. Así que compré una cajita con candado para el refrigerador. Desde entonces me mira como si hubiera instalado una caja fuerte en la cocina.

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Estas peleas se vuelven malentendidos rápido porque nadie está del todo en su casa, y todos lo están un poco. Las reglas casi nunca se dicen en voz alta. Cada uno llega con sus costumbres y cree que son normales. Luego la molestia se acumula en silencio, hasta la famosa notita pasivo-agresiva pegada en el refrigerador.

Para votar con justicia, busca primero si existía una regla común, decidida entre todos. Sin regla, es difícil reclamarle a alguien que no la haya seguido. Lee las dos versiones, sabiendo que las escribió la misma persona. Después, separa el fondo de la forma. Se puede tener razón con los platos y equivocarse al dejar la pila de platos sucios en la cama de tu roomie. Si todos fueron dejando las cosas para después, “Todos se equivocaron” también es una respuesta.

Preguntas frecuentes

¿Cómo repartir la limpieza entre roomies sin pelear?

Un calendario de limpieza por escrito, decidido entre todos, evita el famoso “yo hago más que tú”. Repartan por tareas en lugar de por espacios si sus horarios son muy distintos. Y acuerden revisarlo de vez en cuando, porque un plan perfecto al principio rara vez lo sigue siendo unos meses después.

El novio o la novia de un roomie prácticamente vive con nosotros: ¿qué hago?

Habla del tema pronto, antes de que la molestia se instale. Quédate en los hechos concretos: el baño, el ruido, las compras, los gastos. Propón una regla clara, por ejemplo un número de noches por semana o que ayude con las compras.

¿Se puede tomar comida del refrigerador compartido?

Solo si está acordado. Lo más sencillo es separar lo que es de todos, como la sal, el aceite o el café, de lo que es de cada uno, con un estante para cada quien. Si tomas algo prestado, avisar y reponerlo resuelve casi todo.

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